La tradición de cantar a los poetas es un elemento innato a la música. Los trovadores y juglares medievales relataban y musicaban hazañas y andanzas comunes contadas en la lengua del pueblo. Algunos poemas parecieran llevar implícita una melodía o que ansiaran vivir más allá de las páginas a través de la voz entonada y los instrumentos como cohorte en su recién adquirida dimensión. Otros versos entrelazan sus hilos de colores al modo de alfombra persa, y ahí la labor del músico se vislumbra como una lucha desgarradora de final incierto. Unas veces, gana éste, y de esas palabras tan enigmáticas brota una seductora pieza; en otras, el trabajo del músico acaba en un divorcio entre la melodía y el poema. Este artículo está, no obstante, dedicado a quienes sí dotaron a los poemas y a los poetas de alas nuevas.

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