Sirve como introducción a este escrito la definición que sobre las revelaciones emanadas de WikiLeaks ha hecho Daniel Samper Pizano: “Radiografía completa y fiel de un imperio” y, como complemento útil, las observaciones de un informe al respecto del The New York Times, según el cual, “proporciona una mirada a las negociaciones secretas de las embajadas alrededor del mundo, miradas brutalmente cándidas de los líderes extranjeros y afirmaciones francas de amenazas terroristas y nucleares”.
En ese marco cabe analizar el capítulo de WikiLeaks sobre Colombia, o lo poco que hasta ahora se ha conocido. En primer lugar, se debe destacar que nada de lo que sucede en el país pasa inadvertido para la embajada norteamericana; las relaciones internacionales, la paz y el conflicto, la economía, la política doméstica, los asuntos internos de trascendencia, como las chuzadas del DAS o los “falsos positivos”, las contradicciones entre los funcionarios civiles y de la fuerza pública, y de estos últimos entre sí, y, desde luego, el uso de las bases militares por tropas gringas. Y eso que son más de 2.500 cables y apenas se conocen menos de 100.
Lo más indignante en el caso de Colombia no sólo es estar sometida a constante escrutinio en todos sus asuntos internos; ése es el trato general a las 190 naciones e inclusive a la ONU, lo peor es el desfile de la burocracia estatal colombiana, tanto civil como militar, rindiéndole informes al embajador, como un procónsul “con imperium y mando sobre la provincia”, acudiendo a él como suprema autoridad, incluso para dirimir intrigas palaciegas o como argumento de autoridad para hacer razonar a algún testarudo sobre asuntos de Estado, tal como lo hizo el ex vicepresidente Francisco Santos en procura de que, a través de Brownfield, Uribe reaccionara frente a la empresa criminal montada en el DAS. ¡Vergüenza nacional!
Cada nuevo mensaje conocido produce más asombro e irritación. Lo último fue saber que la “línea blanda” en el tema de las bases militares era la de los propios Estados Unidos y que la permanencia inconstitucional de tropas norteamericanas en siete bases regadas por el territorio patrio se le asemejaba, al actual presidente, Juan Manuel Santos, a “un saludo a la bandera”. Han pasado casi 70 años desde que Jorge Eliécer Gaitán pronunciara la célebre sentencia: “La oligarquía colombiana tiene la rodilla en tierra ante al oro yanqui”. Sigue vigente y en mayor grado. Una semicolonia a la cual paulatinamente se le remarcan más los rasgos coloniales, un terreno propicio para espías como 00-Brownfield.
Fuente: POLO/MOIR, 21 diciembre de 2010
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